Este es el blog de David Rojas, El cerdo sin galera!

miércoles 24 de diciembre de 2008

David y las mujeres

(Regalo de fin de año para comenzar con el pie derecho el 2009)

Hace mucho tiempo, David era un perdedor en lo que hace a mujeres. Ya iba para los dieciocho años y lo único que había logrado era tocarle una teta a Vicky y una turca mal hecha con Natalia –mal hecha porque Natalia, prácticamente, no tenía tetas, era puro armazón todo eso que uno veía abultando las remeras. El problema radicaba en que David enfocaba mal las cosas. Era retraído, y los retraídos no avanzan hacia el lado del mundo o de la calle, por lo tanto no conocen estas cosas. Y en su retraimiento nunca podía salir de la opinión de que a la minas les gustan los chicos que hablan bien y son educados. Entonces, cuando se acercaba a una chica, lo hacía siempre sin mostrarle deseo. Por ejemplo, una tarde de verano, se decidió a confesarle su amor a Victoria. Caminó por las calles empedradas del barrio de la chica, tropezando con cada uno de los adoquines de San José de tan nervioso que se encontraba. Llevaba un sobre con una cadenita barata –no vaya a pensar la niña que quería seducirla con riquezas, que por otro lado no tenía-; llegó a la puerta, golpeó y esperó. Deseaba, inmensamente, que Victoria no estuviera en casa, pero no, ella estaba y abrió la puerta, toda mojada en una bikini color rosa que obligó a David a luchar contra sus ojos para poder mirar los de la chica.
- ¡David! Pasa, estoy con mi prima en la pileta. Gracias por el regalo.
David pasó y, en lugar de meterse en la pelopincho, se quedó toda la tarde a un costado, haciéndose el indiferente a la diversión del agua, donde las dos primas se salpicaban la una a la otra. No sabemos si Victoria respondía a los sentimientos de nuestro amigo y lo más probable es que no, pero si hubiera sido así, es que en ese momento pensara algo del tipo “no se quiere meter en el agua conmigo, estoy casi en pelotas y ni me mira... evidentemente, no le gusto para nada”.
Algo tenía que hacer, las Edad Legal ya no se conseguían tan fácilmente. Se dio cuenta de lo desesperante de su situación, un día en el que en una fiesta entabló relación con un grupo de drogadictos con mucha plata a los que les cayó simpático el modo raro en que hablaba el pendejo –porque le llevaban unos ocho o diez años- y le convidaron de la mejor. Los drogadictos con plata, una vez que lo vieron quebrar, no lo quisieron dejar tirado allí, pobre, vaya a saber lo que le podían hacer. Así que lo arrastraron hasta una 4x4 y se lo llevaron a otra fiesta en un departamento de Palermo. Allí, vuelto David más o menos a la realidad, se encontró con que sus nuevos amigos se encontraban disfrutando de una orgía. David trató de engancharse, pero estaba tan drogado que no se le paraba “mi oportunidad de perder la virginidad y me viene a pasar esto, me quiero matar”. Atolondrado, se dijo, “al menos debería chupar una concha, para saber lo que se siente, saber como huele”, pero al intentar hacerlo la chica le pidió a un gordo que daba vueltas: “mientras el pibe me chupa bien la conchita, vos meteme tu pija”, lo que provocó la abstinencia de nuestro amigo que prefirió evitar tener que estar tan cerca de otro hombre.
David salió del departamento, robándose una Coca Cola y unos Ray Ban abandonados en una mesita para evitar mostrar los ojos rojos cuando llegara a su casa. Profundamente humillado, bajó las escaleras y se juró no volver a tomar drogas duras. Salió al hall, un portero lo saludó, abrió la puerta de calle, se puso los lentes de sol y empezó a caminar hasta Once.


4 comentarios:

sil dijo...

David/Cerdo: Este ¿cuento? me parece que son dos historias en una, es más sé donde podría poner un salto de página.
un beso mi cerdito

maríajoséandjerica dijo...

Sigues igual, digo por tus escritos, y me alegro ¿sabes?
Es bueno volverte a leer después de tanto, echaba de menos escribir por estos lados, pero volví y también me alegra.
Y buenas vibras para este nuevo año, todas las buenas vibras cerdito.
Besos.

Franco Krí dijo...

Muy bueno. Muy Bukowsky! Y eso que es difícil parecerse sin perder la frescura.

marito dijo...

Y qué bien que queda New Order con tu cuento!