miércoles, 30 de abril de 2008

Urgencia

Domingo. Diez de la noche. No mucho frio, pero frio al fin. Y nada ánimo para salir, además, claro, de no tener ninguna chica con la cual salir. Y por supuesto que, aunque el ánimo y la chica hubieran estado disponibles, tampoco tenía mucho dinero para hacer una salida de domingo a la noche, cenar en un lugar chetón, unos tragos, telo medio pelo.
Así que me tire en la cama, me puse a leer un manual de programación en JAVA y poco a poco empecé a cerrar los ojos cuando el teléfono sonó.
- ¿Cómo estás, Matías?
- ¿Tamara?
- Si, soy yo. ¿Qué hacías?
- Estaba leyéndo un libro.
- ¿Qué libro?
- Eh... Uno de Henry Miller.
- Ah, bien. Escuchame, te tengo que pedir un favor.
- ¿Cuál?
- Es que estoy sola en casa, mis padres y hermanos salieron...
- Lo que necesito es si podés venir, vos que sabés tanto de computación, a configurarme el chat.
- El cliente de mensajeria instantatea, dirás.
- Si, eso. ¿Podés?
- ¿Vos sabés la hora que es? Además, ¿por qué no lo llamás a tu novio, que sabe más que yo?
- Es que ya nos vimos ayer con Pablo. Te lo digo porque sos muy cercano a mí, pero estamos tratándo de poner distancias entre nosotros. No sé cuanto más vamos a durar juntos... Pero bueno, no importa. ¿Podés?
- Ya mismo salgo para allá, Tamy.
Tamara era la chica. Buenas tetas, culo zafable, bonita, simpática, inteligente. Y ponía distancias entre su novio y ella. ¿Qué más podía pedir un hombre? Estaba sola en su casa y me pedía a ayuda a mí. No seamos boludos, ya sabemos lo que las mujeres quieren. Lo quieren pero no se animan a pedirlo muy de frente. Por eso las vueltas, las excusas, las frases del tipo "configurame el chat". ¡Te configuro toda, te lleno la bandeja de spam y después te cambio la contraseña!
Agarré mi mochila, una bufanda y salí. Mis fosas nazales expiraban vapor; me entretuve con eso hasta que llegó el colectivo. Pedí un boleto de un peso con veinte, me senté al fondo. Fui pensándo en como haría para romper las últimas defensas de Tamy. "¿Es cierto que hay puertos USB detrás de la compu? Sí, es cierto, agachate y te muestro".
Me pasé una parada; retrocedí dos cuadras; toque el timbre y salió Tamara a mi encuentro. A pesar del frio, llevaba minifalda, aunque arriba tenía puesta polera y camperita canguro. Me besó en la mejilla, me invitó a pasar y me ofreció: "¿mate, café, té? lo que quieras". Obviamente que no elegí mate; el mate lleva las cosas al nivel de la amistad y eso no era lo que fui buscando en ese encuentro.
- Servime un café, mientras voy mirándo la compu.
- Bueno. Yo me voy a tomar unos mates, igual.
Tamara me sirvió el café, se sentó en una silla apartada pero con las piernas cruzadas y se puso a cebarse sus mates. Yo me hacía el que me peleaba con el programa, pero de reojo la espiaba, tratándo de pescar su entrepierna. Que no por nada se había vestido con minifalda, a pesar del frio, y no por nada se sentaba tan desfachatadamente. Tamara quería provocarme y lo estaba lográndo. Tome aire y me decidí a terminar con la farsa del arreglo de la PC para pasar a la acción:
- Ya está. ¿Ahora?
Ella se paró, dejó el mate de lado, y vino hacia el rincón de la PC. Miró la pantalla y me preguntó:
- ¿Tenés el mail de Pablo?

Si, este cuento es la versión geek de Chica de Sábado. Son cuentos mellizos y les voy a tener que comprar ropa distinta para poder diferenciarlos.
¡Un beso para todos, los quiero!
David Rojas.

martes, 15 de abril de 2008

Proyector

Qué bueno es cuando piensan en uno gratuitamente y le hacen regalos así: Proyector. Es un poema que María Mansilla, genial poeta y amiga a prueba de babas, me ha regalado. ¡Pasen y firmen! ¡Y no dejen de leer todo su blog!