viernes, 31 de julio de 2009

Homenajeado

Lo que comenzó como un premio por un comentario a su blog, se convirtió en un homenaje -al menos así lo leo yo.
Acá pueden leer El Cerdo sin Galera, el cuento que escribió Inés Alvarez, una de las mejores escritoras uruguayas contemporáneas, en su blog Transmutación.
¡Qué hacen acá! ¡Vayan ya mismo y lean! Y no solo el cuento, sino todos los cuentos y haikus y ejercicios literarios con los que juega para nuestro deleite.


martes, 14 de julio de 2009

El terror de los infieles

Estaba caminándo por Liniers, en la temprana noche del invierno, buscándo algún bar de chicas bailarinas de esos que tanto abundan en ese barrio y en el que cualquier perdedor como yo puede comprar un poco de amor. Ya eran dos meses de ausencia de Gabriela, dos meses en los que los brazos de Gabriela no abrazaban mi cuello; dos meses sin que mis dedos desenreden sus rulos de sol. Gabriela me dejó y ya no volví a saciar mi sed en su escote ni a calentar mis huesos entre sus piernas.
Y el ardor por no tenerla era lo que me impulsaba a recorrer los locales sombrios de humo y perfume barato, buscando alguna mujer de amor fácil.
Pero por más desesperación que tuvieran mis huesos, estar con otra mujer que no fuera mi Gabriela seria difícil. Por eso, para tratar de alejar lo más posible la diferencia, para poder sobrellevar los arrebatos del amor, me había provisto de un pañuelo con su perfume y su fotografia. Llevaria a cualquier prostituta a la cama y le pondría el pañuelo de mi amada, para sentir en la penumbra su aroma; y en el momento de plenitud, miraria la foto de Gabriela sobre la mesita de luz y seria como robarle al destino un momento con ella.
Me metí entre las calles del barrio, dispuesto a internarme en el primer antro, en el primer pasillo con escalera al fondo que encontrara, cuando al llegar a la esquina de Falcón y José León Suárez, un volantero me chistó:
- Señor, tenga acá, un volante con la solución a todos sus problemas - me dijo extendiéndome un papel.
Avidamente se lo arrebate y lo leí, esperándo encontrar el típico volante de cabarulo: "Diosas en Liniers. Nivel VIP $20.00" o algo por el estilo. Pero nada que ver. El volante rezaba: "Don Evaristo. Yatiri Aymara Paceño. El terror de los infieles". Se trataba de un espiritista o curandero, alguien que aseguraba en su volante: "Hago amarres eternos para siempre. Hasta que la muerte los separe. Lo amarro de pies y manos hasta que pida perdón. Reconcilio parejas separadas. Amores rebeldes. Hago regresar a tu pareja infiel por más lejos que se encuentre atándole su cuerpo, mente y espíritu. Traer su nombre o foto y el amarre es seguro".
Iba a tirar el papel, con un gesto de desprecio, cuando algo me dijo, "Juan, si sos capaz de hacer cualquier cosa por Gabriela, como acostarte con la prostituta más barata de Liniers, ¿cómo no vas a arriesgar unos pesos con este tipo?".
Así que me encamine a las cuadras de la feria boliviana donde el tipo atendía, le compre un poco de chicha a una de las vendedoras ambulantes para darme ánimos para enfrentarme a lo sobrenatural y toque timbre en la dirección que ponía en la propaganda.
Pasaron unos segundos, y una señora encorvada me abrió.
- Vengo por el volante...
- No me diga por qué viene. Don Evaristo lo está esperándo.
Me hizo pasar y atravesé un pasillo mal iluminado seguido por la mujer. En un cuarto, al fondo, se oía ladrar un perro y ahí entramos.
- Don Evaristo, llegó el señor.
- Adelante, tome asiento. - Me dijo el hombre, que era un viejito arrugado y emponchado. A su lado, un perro flacucho y con olor a mojado, me gruñia y ladraba por lo bajo. Me miró y me dijo:
- ¿Sufres por tu ser amado? ¿Te sientes decepcionado al saber que ya no te ama? ¿Crees que ya no exíste solución? Yo te voy a devolver la felicidad. Tengo más de treinta años uniedo parejas.
- Sí, pero ¿cómo sabía que venía porque mi novia me dejó?
- Yo lo sé todo. ¿Trajiste una foto o una prenda?
- Sí. Tengo una foto y un pañuelo.
- ¡Dámelos!
- Aquí tiene... ¿Pero va a funcionar?
- ¡Por supuesto! ¡Yo hago amarres eternos para siempre, hasta que la muerte los separe! ¡Amarro a la mujer de pies y manos hasta que pida perdón, reconcilio parejas separadas, amores rebeldes! ¡Hago regresar parejas infieles por más lejos que se encuentren!
- Bueno. ¿Y cuánto me va a salir?
- Dame todo lo que tengas en la billetera y ese reloj.
Pagué y terminada la transacción, me retire. Salí rápidamente del lugar y ahí caí en que acababa de perder mi aguinaldo seguramente al cuete.
Me cole en el tren y volví a casa caminándo desde la estación de Merlo. Triste, con los bolsillos vacios, y pensándo desesperadamente en Gabriela y en las ganas de hacer el amor.
Así, pasaron días y días. Tuve que pedir un vale en el trabajo para poder viajar y todos los días, cuando me bajaba del 21 en Liniers, puteaba al viejo maldito; ese Don Evaristo, cada vez estaba más seguro, se había quedado con mi dinero a cambio de nada.
Una semana sin noticias. Ya estaba desesperado. Llamé a todas las mujeres de mi agenda para invitarlas a comer arroz a casa y ver si podía arrimar alguna ficha, pero la que no se había casado en los dos años de noviazgo felíz que había tenido con Gabriela, ya había cambiado de celular.
Probe con el teléfono de mi hermano, le pedí dinero prestado y me compre una película porno para disipar los malos humores.
Llegue a casa, encendí la tele y el DVD, puse Los Amores de Laura y me desabroché el pantalón. Una presentación con una chica bailándo, luego una pareja que comenzaba a tener sexo al despertarse súbitamente en medio la noche llamados por la voz de la necesidad y yo que no podía evitar pensar en las noches que había pasado junto a Gabriela; cuando a fuerza de sexo me mantenía despierto para que al otro día llegase temprano a trabajar; cuando se escapaba entre las sábanas y al encontrarla mi boca nunca estaba en su boca y sin embargo nos besabamos como adolescentes en su segundo beso de lengua.
Perdido en estos placeres, no me di cuenta de que tocaban el timbre. Me abroché el pantalón y salí corriéndo a atender: ¡era Don Evaristo!
- Tenés que pagarme algo más, porque el trabajo era más dificil de lo que pensaba. Mi perro se confundió porque el perfume era con base de nueces y a él le va mejor con los frutales y encima la foto era de cuerpo entero y yo no tengo buena vista y me costó enfocarla para aprenderme la cara. Pero cumplí: regresó tu novia a tu lado.
Y tomándome del brazo, Don Evaristo me arrastró hasta un Ford Taunus, abrió el baúl, y allí amarrada de pies y manos, había vuelto mi Gabriela.