lunes, 19 de octubre de 2009

Cinco minutos más

Son las seis de la mañana. Comienza a sonar el despertador, que pensando en mis obligaciones laborales programé ayer.
Estiro el brazo, trato de apagarlo y luego lo arrojo bien lejos, donde ya no nos molesta. Acomodo como puedo las sábanas, que durante la noche se desengancharon. Tomo a mi mujer que mientras dormia se fue alejando de mi lado y suavemente la doy vuelta y atraigo su cuerpo el mio. La acurruco contra mi pecho; ella cruza una de sus piernas sobre las mías y murmura algo que yo respondo con un beso del que no se entera porque está soñando.
Este es el momento en el que me quedo dormido.

Guerra de cama, por Jorge Miente


jueves, 8 de octubre de 2009

Contale algo al Cuento del Día


El cuento del día, el proyecto que comenzó con el puntapié de nuestra amiga María Ward y que tiene como propósito publicar de Lunes a Viernes -menos feriados- un cuento por día, comienza un gran concurso para darle espacio y difusión a los escritores no tan conocidos.
Por ahora no se anunció la fecha de cierre, así que hay que aprovechar y enviar los originales a cuentodeldia@gmail.com -no olviden indicar sus datos personales. El tema es libre así que no tienen limitaciones a la hora de escribir, pueden dar lo mejor que tengan.

Voy a formar parte del jurado junto a María Ward, Soledad Morán y Julián Beroldo. Por mi parte prometo no fijarte en la faltas de ortografía -ustedes prometan no mirar de ahora en más las mias.

¡Suerte y a escribir!

Más información: El cuento del día (tienen que entrar con su cuenta de Facebook).

lunes, 5 de octubre de 2009

Pequeño aporte sobre el problema de la inseguridad cotidiana

Oveja descarriada, de Catalina Olavarria

Me había costado un dineral en flores; un dineral en chocolates; un dineral en ositos de peluche. Ella era inalcanzable, demasiado bonita para un tipo como yo, feo muy feo; pero a fuerza de endeudarme hasta la médula, ella aceptó salir conmigo. Aunque no era una salida romántica.
En realidad ella me citó en la Rotonda y una vez allí me dijo:
- Tenés que entenderlo, Roldán, ¡vos no me gustas! Te pido que por favor dejes de enviarme flores, chocolates y ositos de peluche.
Yo quede desolado. La plaza estaba llena de gente; gente tomando mate, gente jugando a la pelota, gente sudando al sol. Pero entre toda la multitud, yo me sentía muy solo, el rechazo nunca me lo había imaginado tan cruel.
Apagado en mi tristeza, no me dí cuenta que un tipo se acercó por detrás de Amanda. Se pegó a ella y me espetó, en voz baja pero con el volumen suficiente para que lo escuche yo:
- ¡Dame toda tu plata o quemo a la piba!
- ¡No a ella no! ¡Te doy todo, pero no la quemes!
- ¡Te digo que la quemo, dame la guita o la quemo!
- ¡Soltala, no le hagas nada! ¡Te voy a dar todo, pero espera a que cobre porque me gaste todo mi sueldo en flores, chocolates y ositos de peluche!
- ¡Te dije que me des la guita o la quemo! ¿No me la das? ¿No me la das? Entonces la quemo.
El tipo, ante mi desesperación, empujó a Amanda contra mí y disparó a los gritos el gran quemo para mi amada:
- ¡Escuchen todos, escuchen! ¡Esta piba tan bonita sale con este mamarracho que ni siquiera tiene dos pesos en la billetera! ¡Sale con un tipo pobre y feo!
Amanda se puso colorada y salió corriendo con lágrimas en los ojos, mientras toda la gente en la plaza se reía de ella y le gritaba "tiene novio-tiene novio".