miércoles, 19 de agosto de 2009

La acostumbrada sensación de estar portándome mal


Fotografia de Gisela Giardino.

Lo que hizo María -o más bien aquello que le faltó hacer- era como para atarla con alambre de púas a una silla y untarle miel entre los dedos de los pies y dejarla sobre un nido de hormigas marabunta.
No es que sea un tipo vengativo, pero tienen que entender que ansiaba contar esa historia. Que si la historia lograba concretarse, iba a vender muchísimo porque iba a excitar como me había excitado a mí la primera vez que la escuche aún sin conocer a quienes la encarnarían:
Cuando era un adolescente sin dinero, allá por plena crisis económica de comienzos de década, salía con una chica que le tenía tanto temor a los embarazos no deseados que tuve que inventar, improvisar, descubrir mil atajos para satisfacernos sexualmente cuando no nos alcanzaba la plata siquiera para comprarnos preservativos.
Teníamos mucho sexo oral, mucha masturbación mutua. No la pasabamos mal a pesar de la falta de trabajo -la casa de sus padres siempre estaba desocupada como para encontrar un rincón sin tener que recurrir a hoteles.
Ella una vez me comentó que quería ver una película porno, que nunca había visto una. Yo le dije que ni bien tuviese el dinero suficiente como para costear el alquiler del consabido VHS la iba a complacer. Pero, pobre de ella, nunca me sobraban los tres pesos necesarios para el videoclub, y así su deseo se postergaba.
Entonces, aprovechándo mis dotes de narrador -porque me creo un gran narrador, sino no estaria escribiéndo aquí- decidí inventarle las películas.
En el ardor de las masturbación me acercaba a su oído y comenzaba a contarle fantasias bien narradas. Luego las fantasias se hilvanaban y formaban el tapiz de una película. Por ejemplo, dos amigos levantaban una prostituta al costado de la ruta, pero no se daban tiempo a llegar al hotel y se murreaban en el asiento trasero del vehículo. Deseosos de más, llegaban al telo, pero el recepcionista no los dejaba entrar de a tres. A fin de solucionar el percanse, la chica aplicaba sus labios al sexo del tipo y media hora más tarde una de las habitaciones era escenario de una partuza de a cuatro.
Las fantasias en voz alta fueron progresándo y ella fue conociéndo todos los rincones de mi cabeza, fue testigo de mi lengua larga a la hora de librarse de los tabúes. Fue una buena época. Ella ya podía leer en mis ojos cualquier pensamiento que yo tuviese, por caliente y depravado que fuese.
Pero un día me canse. Me canse y le pedí a ella que me contara algo. Necesitaba conocer la cabeza de una mujer para que al final de la relación me quedara algo con que acudir a mi próxima conquista o algo que utilizar en mis cuentos al momento de describir el alma femenina.
Y ella me contó una historia, sobre una chica que se iba a vivir con dos amigos homosexuales. Sobre como los escuchaba gemir por las noches y la excitación que esto le provocaba. Sobre como un día en el que no se aguantó más le saltó encima a uno de ellos en la cocina y como el otro al descubrir la infidelidad no pudo menos que dejarse llevar por la situación.
La historia me gustó tanto, me excitó tanto, que me quedó rondado por siempre en mi cabeza y ocupándo mis noches de soledad y al convertirme en el escritor famoso que soy hoy en día, siempre seguí con la idea de volcarla alguna vez al papel, enriqueciéndola con algún elemento de realidad y un entramado más consistente, para crear el summun de la literatura erótica.
Y es por eso que me interese en la vida de Rubén y Sergio.
No hay escritor con exposición y frecuentador del afecto público como yo que no encuentre por semana a una o dos personas que simpaticamente le digan con una sonrisa: "mi vida da para una novela" y ahí mismo se pongan a contar trivialidades sin ningún valor. Pero cuando en una tarde me encontre con estos dos hombres, tomados de la mano y visiblemente enamorados, y cuando ellos me miraron y me dijeron la consabida frase, no dude de que la vida de ellos fuese interesante. ¿Cómo reaccionaria una pareja homosexual al tener en su vida a una chica que insiste en seducirlos? Seguramente terminaria todo en una orgía de sexo bisexual que yo iba a aprovechar para escribir. La idea me atraía enormemente. Era tambien la posibilidad de revivir las fantasias que me contaba mi noviecita de la adolescencia.
- ¿Así que ustedes tienen una vida de novela?
- Sí, nos conocimos en Rio de Janeiro. Yo escapaba de un novio celoso y él había viajado para olvidar a un ex que lo había abandonado. - Me dijo Rubén, apretándo fuertemente la mano de su pareja, quien me miró asintiendo.
- Bueno, no hay problema. Esa debe ser una historia sumamente interesante. Ahora mismo estoy terminándo una novela, pero me interesa sobremanera, muchísimo, la historia. La compro. Dos meses y comenzamos con las entrevistas, ¿les parece?
Por respuesta obtuve sendas sonrisas de alegría. No es habitual que un escritor reconocido como yo se decida a novelar la vida de uno y la gente suele tener el ego bastante inflamado.
Llame a mi representante, le avise que la entrega de la novela histórica sobre el primer viaje de Benjamin Morrel a sus dieciseis años iba a ser antes del plazo fijado por la editorial y me puse frenéticamente a escribir los capítulos finales, poniéndo mucha fantasias y elementos absurdos para hacer honor al autor de Una narrativa de cuatro viajes. Pero todo esto ya lo saben porque me he cansado de dar entrevistas promocionándo ese libro.
Mientras tanto, empecé a buscar entre mis alumnas de la Facultad alguna que diera con el perfil que necesitaba para que sea mi asistente en la novela sobre la pareja homosexual. Me fije principalmente en María, una chica muy pegada a mí, que hacía trabajos prácticos citándo siempre Elementos narrativos para una refundación de la literatura argentina, mi primer libro teórico o alguna de las entrevistas que me publicó Clarín en Ñ.
Un día después de clase le pedí que me acompañase con un café y ya en el bar le hable.
- María, vos sabés que siempre trato de ser un escritor de experiencias. Comparto lo que escribió Burroughs, aquello de que "sólo hay una cosa de la que puede escribir un escritor y eso que está ante sus sentidos en el momento de escribir". Ahora bien, estoy escribiéndo una novela, pero hay una realidad que no se muestra a mis sentidos. Es una novela sobre una pareja. Y necesito entrar a su intimidad. Por eso quiero ofrecerte un trabajo.
- ¿Qué trabajo es, profesor?
- Necesito que te hagas pasar por empleada doméstica. Vas a entrar al domicilio de la pareja y me vas a contar todo lo que pase. Y tu nombre va a salir en los agradecimientos de mi próximo libro.
María aceptó. Con ese sí, llame a Rubén y Sergio y les comente que ya ibamos a comenzar con las entrevistas, pero que antes quería pedirles un favor. Que tenía una amiga mia que estaba sin trabajo, que si por favor podían darle trabajo como mucama, con cama adentro mejor, que yo le iba a pagar el sueldo y mil mentiras más.
Rubén aceptó y lo hizo aceptar a Sergio y una semana después ya tenía horas y horas de casettes con anecdotas variopintas y María ya estaba viviéndo en el departamento de Villa Luro con cama adentro y anotándo en una libreta todos los pormenores.
Yo, por mi parte, con los elementos biográficos que descubría en mis entrevistas,me iba formándo una imagen de la pareja que daban ganas de ponerla en un cuadrito: el buen humor de Sergio a toda hora, sus celos para con su pareja; el enamoramiento de Rubén, su preocupación cada vez que su amor llegaba tarde del trabajo.
Y María me contaba cosas parecidas: el sarcasmo de Sergio, los celos violentos y los golpes hacia su pareja; los intentos de Rubén por salvar la pareja, su nerviosismo cuando su amor se retrasaba y la amenaza de verlo aparecer borracho.
- ¡Tenés que seducirlo, María, tenés que seducirlo! ¡A menos que lo lleves a la cama y lo des vuelta como una media no va a romper con ese golpeador!
Pero María no lo sedujo. En lugar de aprobar la cursada prefirió buscar asesoramiento legal y psicológico para Rubén, que terminó haciéndo las valijas y volviendo a la casa de sus padres.
Yo me quede con la novela trunca, porque la mia debía ser el summun de la literatura erótica y no una historia de amores fracasados.

martes, 18 de agosto de 2009

Ápices - Natalia Tangona

Amiga de este blog, y compañera de milemilemile, Natalia Tangona acaba de publicar Ápices, en una edición de En el aura del sauce. Es un libro lleno de momentos desconcertantes, donde uno no sabe si entristecerse o reconfortarse; donde los versos lo cachetean a uno y lo hacen gritar de dolor o llorar por el cariño que tiene cada poema.
Recomiendo comprarlo. Vayan a su libreria y pidan el libro, y si les dicen que no lo tienen, hagan trompa y a encargarlo.
Y si quieren seguir leyéndo más de ella o conocer su obra, pueden hacerlo en Escritores Indie, espacio donde participa actualmente.

Natalia M. Tangona, Ápices, Colección Escrituras Indie, En el aura del sauce, 2009.