jueves, 26 de septiembre de 2013

Laura a dos años

"dijo algo parecido al amor", por Olga Berrios
  Cada tanto vuelvo a tomar entre mis manos la fotografía: es el único recuerdo que me queda tras varias mudanzas en las que llevé mi vida de aquí para allá.
  En la fotografía ella está parada en una plaza, mirando hacia la cámara. Está vestida de azul, con un vestido que pocas veces le vi puesto, pero que siempre le sentó bien. Tiene el rostro serio, medio oculto por su cabello que le cae, largo, lacio. No sonríe y sin embargo me la imagino feliz, fotografiándose bajo el sol, parada sobre el césped.
  Aquí tendría que contar como la perdí, pero es una tarea inútil. Nunca podremos explicar como es que no estamos cerca de las personas con las que queremos estar. Solo me aventuro a sugerir que tal vez fue culpa de mi insistencia en la amistad. Una y otra vez le aseguraba que solo nos unía una amistad; pero lo hacía empujándola hacia mi cama.
  Temía morderme la lengua.
  Después me arrepentí y me mordí la lengua igual. Y la llamé, pero rechazó mis llamados. Y le escribí una carta, una carta en la que traté de no poner ni uno solo de los lugares comunes, pero en la que sí puse excusas del tipo "necesito saber que estás bien".
  La carta recibió una respuesta. "¿Por qué siempre volvés? Ahora estoy bien, estoy en otra, en otro".
  Y solo me quedó la fotografía. "La tomó mi amiga", me contó, haciendo referencia a una amiga a quién nunca conocí pero que siempre le marcó que yo era un mal tipo -era una buena amiga.
  Cada tanto vuelvo a tomar la fotografía.
  Tal vez porque el tiempo hace que me desprenda, la última vez no miré tanto su figura y en cambio me fijé por en ciertos detalles que se me habían pasado: detrás de ella está la plaza; en la plaza un monumento -algún prócer a caballo. Y cruzando la calle, al fondo, varios comercios. Y lo nunca visto, aquello que nunca percibí por deleitar mi mirada en el rostro que extravié: todos los comercios de la fotografía tienen sus marquesinas escritas al revés.
  De la desazón a la comprobación de que la fotografía está invertida.
  ¿Por qué? ¿Qué motivó a Laura a enviarme una foto así?
  Tal vez no sea yo el que vuelve, sino el misterio y la espera.